
Publicado en Editorial, hace 1 día
Barahona, históricamente bautizada como la “Perla del Sur”, atraviesa hoy una crisis que empaña su brillo natural: la acumulación desbordada de desechos sólidos.
Lo que debería ser la puerta de entrada al turismo ecológico y la belleza costera, se ha convertido en un preocupante recordatorio de la ineficiencia en la gestión de residuos y la falta de conciencia ciudadana.
Caminar por sus calles o acercarse a sus litorales es tropezar con vertederos improvisados que no solo afean el paisaje, sino que representan un foco crítico de enfermedades y un atentado directo contra el ecosistema marino.
El ayuntamiento y las autoridades locales deben trascender las promesas. Es necesario optimizar las rutas de recolección, invertir en equipos modernos y establecer un sistema de disposición final que cumpla con los estándares ambientales.
Sin embargo, ningún servicio de limpieza será suficiente si la población no asume su rol. La educación ambiental debe dejar de ser un eslogan para convertirse en una práctica cotidiana de disposición responsable.
Barahona tiene el potencial para ser el referente turístico del sur, pero la basura es un muro que frena cualquier intento de progreso. No podemos permitir que la desidia convierta nuestro paraíso en un vertedero a cielo abierto. Es momento de que autoridades y ciudadanos recuperen el orgullo por su ciudad y devuelvan a la “Perla del Sur” su esplendor original.