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El dilema de la oposición política

Publicado en Todo Incluido, hace 1 mes

“A cada cerdo le llega su San Martín”, este refrán, empleado por Cervantes o Quevedo, es clásico y está enraizado como el común denominador en muchos pueblos europeos que en la temporada del invierno llegó a convertirse en un modismo entre sus habitantes que lo empleaban de forma sentenciosa para inferir de que “todo aquel que se ha manejado de manera incorrecta sería juzgado, además de recibir su merecido castigo”, dando entender que quien arraiga sus males en la tierra deberá saldar sus cuentas antes de morir.

Aunque la referida expresión se desprende del modismo alusivo impregnado en el ciudadano común, debemos colegir que la misma está muy relacionada con el mal comportamiento, no solo de un personaje cualquiera con secuelas expresivas de actos que cohesionan la moral de los individuos, sino que durante su trayectoria de vida sus actividades han estado dirigida a socavar la sociedad mediante actos anómalos y mentiras convertidas en verdades a través de engañifas mediáticas.

“Los orígenes fácticos del pasado, muchas veces, se convierten en el común denominador de las decisiones que se toman en el presente para infringir las leyes”, lo que hoy, específicamente en República Dominicana se ha convertido en  la apostasía del encierro abismal que catapulta a los “líderes” de los partidos tradicionales y las propias organizaciones políticas, producto de los intereses, el cabildeo, la complicidad, el oportunismo y la corrupción, reflejadas en la falta de honestidad gubernamental.

Hoy, los cerdos que fueron alimentados para que se pusieran obesos están sufriendo las consecuencias de la desnutrición; y en consecuencia, se embargan en un cataclismo que los ha llevado a la desesperación sin encontrar a qué echar manos para mantenerse, excepto extender sus garras contra aquellos que “tienen la sartén por el mango y el mango también”, mediante una rancia oposición política, sin dar reversa y volver hacia atrás para descubrir los errores del pasado.

La marejada (exaltación de los ánimos y señal de disgusto, murmuración o censura, manifestada sordamente por varias personas, que suele preceder al verdadero alboroto), se manifestó en el discurso vulgar y fuera de contexto en la pasada campaña electoral, donde fueron electos alcaldes y regidores; sin embargo, aquellos que se endiosan de vencedores, finalmente fueron los vencidos, aunque todavía finalizado el proceso mantienen vivas las heridas sin poder superar la derrota.

Un porcentaje superior al 50% se abstuvo de ir a las urnas para sufragar el voto y elegir a las autoridades de su municipio o distrito, alzándose con el mayor porcentaje el PRM (Partido Revolucionario Moderno). Ahora bien.

¿Por qué el menor porcentaje de votos fue para los Partidos Fuerza del Pueblo y de la Liberación Dominicana?, por la sencilla razón de que sus seguidores prefirieron no favorecerlos con el sufragio. ¿Razones?, parece que sus propios seguidores están convencidos de que la historia no puede repetirse, están claros de que el país debe cambiar.

El dilema de la oposición política con su simientes mediáticas en los discursos antidemocráticos de Leonel Fernández y la mugre perversa del PLD, buscan desviar la atención de una sociedad que aspira a que se higienice la administración pública y se saquen los cerdos que durante años se han comido las instituciones del Estado.

La impureza de algunos políticos no se refleja en lo físico, porque tienen sus pezuñas escondidas. Leonel y Danilo están dispuesto a venderle su alma a Satanás para impedir que República Dominicana se desarrolle y sea el estandarte de una democracia participativa, sustentada por una economía estable, por lo que en definitiva: “Entre Danilo y Leonel no hay diferencia de acción actúan, a la defensiva para hundir a la nación”.

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