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Incoherencia internacional ante la captura de Nicolás Maduro

Publicado en Todo Incluido, hace 14 horas

Resulta sorprendente y profundamente indignante observar cómo ciertos sectores y organismos internacionales, incluida la ONU, han reaccionado con severidad ante la captura de Nicolás Maduro, un dirigente cuya ilegal permanencia en el poder ha estado marcada por denuncias de violaciones sistemáticas de derechos humanos, destrucción institucional y una crisis humanitaria sin precedentes. La reacción negativa de estos actores no solo es desconcertante; es un recordatorio de la doble moral diplomática que tantas veces ha protegido a quienes menos lo merecen.

La selectividad moral de los organismos internacionales

Cuando un país finalmente logra detener a un gobernante acusado de crímenes de lesa humanidad, lo lógico sería esperar respaldo, o al menos prudencia. Sin embargo, algunos organismos internacionales han optado por cuestionar el procedimiento antes que reconocer el sufrimiento de millones de venezolanos. Esta postura transmite un mensaje peligroso: que la forma importa más que el fondo, incluso cuando el fondo es la liberación de un pueblo sometido.

El silencio ante las víctimas, el ruido ante el victimario

Durante años, informes de organizaciones independientes han documentado torturas, persecuciones y ejecuciones extrajudiciales atribuidas al aparato estatal venezolano. Sin embargo, cuando finalmente se produce un quiebre que permite la captura del responsable político de ese sistema, algunos sectores internacionales parecen más preocupados por la “estabilidad” que por la justicia. Esa estabilidad, conviene recordarlo, ha sido la estabilidad del miedo, del hambre y del exilio forzado.

La captura de Maduro no es un atropello: es un acto de justicia

Reprobar la captura de Maduro es ignorar deliberadamente el contexto. No se trata de un líder democrático injustamente perseguido, sino de un gobernante señalado por múltiples informes y sanciones internacionales. Cuestionar su detención sin reconocer la magnitud del daño causado es una forma de revictimizar a quienes han sufrido bajo su régimen.

La responsabilidad moral de la comunidad internacional

Si los organismos internacionales aspiran a conservar credibilidad, deben abandonar la comodidad del discurso abstracto y asumir una postura coherente. Defender los derechos humanos implica apoyar acciones que conduzcan a la rendición de cuentas, no obstaculizarlas con tecnicismos diplomáticos. La captura de Maduro debería ser vista como un paso hacia la justicia, no como una amenaza al orden global.

Error político y falta de ética

La comunidad internacional tiene la oportunidad de colocarse del lado correcto de la historia. Criticar la captura de un dictador acusado de crímenes atroces no solo es un error político; es una falta ética. Venezuela merece justicia, no sermones. Y quienes hoy condenan lo que debería celebrarse tendrán que explicar, tarde o temprano, por qué eligieron la comodidad diplomática sobre la defensa de un pueblo oprimido.

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