
Publicado en Todo Incluido, hace 1 día
En la carrera por la muerte los motoristas no pierden puntos, carreras ni oportunidad para mantener sus números como líderes en cantidad de muertos, accidentes, destrucción de luces, espejos y otros accesorios de carros, como lo revelan las estadísticas oficiales, sin que medida alguna sea efectiva para controlarlos.
Las causas reales de tantos accidentes están a la vista de todos, menos de las autoridades coercitivas que solo tienen ojos para ver y sancionar a los hombres y mujeres de trabajo que deben ser multados por cualquier infracción o ante la necesidad de acumular multas, sin importar a quienes se afecte, menos a los motoristas.
Se agrega la protección de los agentes y de los políticos, alegando que son padres de familias, además de los atuendos que no permiten ver sus rostros cuando afectan a otros, lo que les permite impunemente huir, sin que la autoridad preste mayor atención.
Para muestra un botón: de 29 fallecidos registrados en el marco del operativo “Conciencia por la Vida navidad 2025-2026, 19 involucran a motoristas para un 65% de los casos entre diciembre 23 de 2025 y enero 1 de 2026, lo que mantiene con amplia ventaja el liderazgo maldito, en ese renglón.
Este es un indicador objetivo, que presenta una realidad amarga con los motociclistas que transitan sin ninguna regulación, con atuendos no oficiales, convirtiendo el sistema de tránsito en un infierno sin control, que cada día lleva luto a hogares del país, como resultado de la imprudencia de irresponsables a quienes las autoridades no han prestado la debida atención, pese al reclamo de la gente, de los medios informativos y de los líderes de opinión.
Las grandes obras que se levantan para resolver el problema del transporte y el tránsito en las grandes ciudades, no tendrán los efectos deseados, si las autoridades no se despojan del traje político y aplican medidas que controlen la serpiente de 7 cabezas, a este monstruo social, que cobra vidas sin que la Justicia impere debidamente.
Las autoridades deben prestar atención al clamor ciudadano y, de una vez por todas, controlar el desorden que agobia a los dominicanos, para preservar vidas, generar confianza en los demás conductores, peatones y, sobre todo, para cuidar la imagen que vendemos de un país seguro. Es hora de empezar.