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Cuando la prisa por la unidad daña a la oposición

Publicado en Todo Incluido, hace 8 horas

En política, pocas figuras tienen tanto poder como el estratega. Sus ideas definen el rumbo de partidos, campañas y hasta de naciones. Pero cuando la mente del estratega se torna errática, lo que se presenta como “visión” puede convertirse en error costoso.

Una de las manifestaciones más claras de esta error es la obsesión por imponer la unidad inmediata de la oposición, aun cuando falte mucho para las elecciones generales. Aunque el discurso de la unidad parece noble y necesario, en la práctica, cuando se plantea de forma prematura, puede terminar siendo una herramienta que fortalece al partido de gobierno y paraliza el crecimiento opositor.

La trampa de la unidad temprana

Insistir en que la oposición debe unificarse “ya” ignora dos realidades fundamentales:

El tiempo político: cada partido requiere espacio para crecer, consolidar liderazgos regionales, diseñar propuestas y conectar con su base.

El efecto de parálisis: si se congela la competencia interna demasiado pronto, se frena la renovación natural de liderazgos y se limita la oferta política. El resultado es una oposición débil, con un candidato que pierde atractivo antes de tiempo y con estructuras sin oxígeno.

Mientras tanto, el oficialismo se beneficia: el aparato estatal sigue avanzando, aprovecha las confusiones, divisiones internas, desgasta los candidatos opositor prematuramente expuesto y consolida su poder hegemónico sobre la percepción publica.

Un caso actual: Jose F. Peña Guaba

He observado con preocupación a José Frank, a quien considero un gran estratega político, caer en este error. En reiteradas ocasiones ha señalado y repetido que la oposición política debe ir unida a las elecciones porque, de lo contrario, perderá.

El planteamiento de Jose Frank, aunque bien intencionado, resulta estratégicamente prematuro. La insistencia en una unidad inmediata no solo no ayuda a la oposición, sino que termina alimentando la narrativa del partido oficial, que gana tiempo y se fortalece al ver cómo se paraliza el crecimiento natural de cada organización opositora.

En otras palabras: al apresurar la unidad, la oposición pierde la oportunidad de madurar liderazgos, ampliar sus bases y ensayar propuestas diferenciadas que luego puedan confluir en una verdadera alternativa nacional.

Ejemplos históricos en América Latina

Venezuela (2006–2012):

La oposición, presionada por voces que exigían un “candidato único” contra Hugo Chávez, terminó eligiendo figuras antes de tiempo sin dejar que cada organización madurara sus liderazgos regionales. El resultado fue que, en varias elecciones, el chavismo llegó fortalecido, mientras la oposición desperdiciaba años en sostener un esquema de unidad frágil y lleno de tensiones internas.

Nicaragua (2001–2011):

La oposición al sandinismo cometió un error similar. Las alianzas apresuradas alrededor de figuras únicas llevaron a rupturas internas, pues partidos más pequeños sintieron que su espacio político se anulaba. Daniel Ortega aprovechó esa falta de competencia interna y, con el paso del tiempo, consolidó un control absoluto sobre el sistema político.

México (2000–2018):

Un caso inverso demuestra lo contrario. La transición política mexicana fue posible porque durante los años previos, PAN y PRD compitieron cada uno por su cuenta, creciendo y expandiendo sus bases. Solo en momentos clave —como elecciones locales y frentes opositores específicos— se ensayaron alianzas, pero ya con partidos fuertes y con liderazgo maduro. Ahí la unidad no fue prematura, sino producto de un proceso natural.

Estrategia errática vs. estrategia inteligente

La estrategia errática confunde deseo con oportunidad política. La unidad no es el punto de partida: es el punto de llegada.

Una estrategia inteligente reconoce que la pluralidad inicial fortalece. Cada partido opositor debe crecer primero, demostrar fuerza, y luego, llegado el momento cercano a la elección, negociar una unidad verdadera que surja desde la fortaleza, no desde la debilidad.

Conclusión y recomendaciones estratégicas

La mente errática del estratega, al imponer la consigna de “unidad ya”, corre el riesgo de entregar al oficialismo una ventaja invaluable: tiempo, control de la agenda y parálisis opositora.

La verdadera astucia política está en identificar el momento exacto en el que la unidad se convierte en golpe decisivo, y no en camisa de fuerza. La unidad prematura es un espejismo: parece fuerza, pero en realidad es debilidad disfrazada.

Recomendaciones:

Fortalecimiento individual: cada organización opositora debe concentrarse en consolidar sus estructuras locales, formar cuadros y crecer territorialmente antes de discutir candidaturas únicas.

Competencia sana: permitir que los liderazgos compitan abiertamente en elecciones primarias o mecanismos transparentes de selección. Esto legitima al candidato final y da oxígeno a la oposición.

Unidad en el momento justo: reservar la construcción de un frente único para la fase previa a la elección general, cuando el calendario electoral y la presión ciudadana la hagan inevitable y natural.

Cuidar la narrativa: la unidad debe presentarse como el resultado de un proceso evolutivo normal y no como un deseo o pacto impuesto desde grupos de intereses. La coherencia y visión estratégica es clave para la oposición vencer el desgaste del oficialismo. No olvides, la unidad no es el punto de partida, es el punto de llegada.

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