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El estresómetro: ¿Cómo controlarlo?

Publicado en Todo Incluido, hace 2 meses

José Miguel Gómez

El estrés y la ansiedad están matando a la gente, comenta la sociedad. Las enfermedades cardiacas y las cerebro vasculares son las dos primeras causas de muertes en personas adultas. El estrés repercute e impacta en su aparición y en sus complicaciones.

La forma de reaccionar ante los acontecimientos normales de la vida, se le llama estrés; algo que vive con nosotros, que aparece en las adversidades, en las crisis, en el éxito y en la fama; o sea, cuando todo va muy bien y las circunstancias favorecen, puede aparecer un estrés producido de forma intrapsíquico por “pensamientos parásitos” o rumiantes de conflictos pasados no resueltos que intranquilizan, alterando la consciencia y el alma.

La vida posmoderna es una reproductora de estrés agudo: competencia, visibilidad, éxitos, apariencia, consumo, notoriedad, salir del anonimato, calidad de vida, estar al día, lograr estatus social, vivir del parecer, etc. para alcanzar tantas cosas el ser humano está dispuesto a enfermar el cuerpo, la mente, la existencia y la espiritualidad.

El aparato que mide el estrés debe llamarse “estresómetro” los indicadores del estrés altos son: irritabilidad, nerviosismo, intranquilidad, preocupación, ansiedad, sobresaltos; pero también comerse las uñas, caída del cabello, lesiones en la piel y problemas para dormir. En otras personas el estrés le afecta en el estómago, la cabeza, la sexualidad, las relaciones interpersonales y grupales.

Una persona bajo mucho estrés, vive con el sistema nervioso simpático disparado, con la adrenalina y la vasopresina alta, de ahí la taquicardia, presión alta, cortisol alto y miedo a que algo malo le va a pasar. Para contrarrestar el estrés, el parasimpático se relaja, tranquiliza y se calma cuando realizamos actividades como: hacer ejercicios, meditación, yoga, natación, escuchar música, masajes, aromaterapia, lectura, compartir con personas oxigenantes y nutrientes.

El estrés se diagnosticó como la enfermedad del siglo XXI, donde más personas jóvenes mueren, se desenfocan, se deprimen, tienen accidentes, abuso de alcohol y sustancias, se enferman y también se suicidan.

Para identificar y medir su estresómetro, póngale nombre y apellido a los causales de su estrés en su vida, lo que le quita la paz, le altera el simpático, le activa pensamientos catastróficos de temor y miedo. Pero también, identifique donde está su disonancia en la vida, sus trampas, miedos y limitaciones.

El estrés puede originarse de conflictos no resueltos por años; pero también puede ser por una causa o circunstancia inmediata del “aquí y el ahora”, de algo que deseamos y que no logramos alcanzar.

El otro capítulo del estrés descansa en la tecnología, la visibilidad y la perdida por el anonimato, buscar ser noticia, la presencia, belleza, el narcisismo social y asimilar la cultura del “éxito”.

Lo que hoy vivimos es la insatisfacción del ser. La ausencia de espiritualidad, la crisis de una identidad y un presentismo que, hace la vida sufrible y asfixiante.

Hay que bajar el “estresómetro”, aprenda a tener propósitos saludables, seguridad, “comité del cariño”, a sentir autocompasión y merecimiento; no compita con la vida, lleve su propio ritmo, descubra sus pasiones, conquiste hábitos saludables; sobre todo, relájese, ría, camine, aprenda a “dejar ir, dejar hacer y dejar llegar”. Para una vida con menos estrés y más fluida.

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