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Los dominicanos necesitamos un Chapulín

Publicado en Todo Incluido, hace 6 años

Por: Alejandro Santana.-

El aumento de la delincuencia y la facilidad con que esta actúa, la acción efectiva de nuestras autoridades en actuar y el real compromiso de por lo menos detener a los delincuentes, ha generado que algunos ciudadanos hayan tomado la justicia en sus manos.

Esto es un problema social, las leyes son claras y dicen textualmente que nadie debe tomar la justicia en sus manos, es decir, no se puede matar a un delincuente que viene a robarte y matarte.

Como sociedad, estamos divididos en apreciación de la ley y es en razón de que vemos con la facilidad con que salen de las cárceles los delincuentes, la manera irresponsable con que actúa la justicia frente a los hechos.

Hay hechos conocidos que sería bueno refrescar, 1ro, en la Dirección Regional de la Policía en esta ciudad, una noche, se atraca a una joven la despojan de un celular, ella conoce al ladrón, le pone una querella y lo atrapan,, cuando la llaman, afirma que si que ese es el ladrón.

En el escritorio donde está sentado quien está de servicio hay cuatro celulares, ella identifica el de ella, le dicen que vuelva al otro día a las nueve de la mañana, y cuando acude, ya el delincuente lo habían soltado y su celular había desaparecido del cuartel policial, resultado, tiene a un enemigo potencial en las calles y no tiene su celular.

Segunda, en Villa Central, en el barrio la Montañita,(tierra de nadie), matan a un trabajador de EDESUR, se entregan los autores del hecho y el de mayor responsabilidad dice que lo mató porque se puso bruto, es decir no se dejó atracar con facilidad y por eso lo mataron.

En la ciudad capital hay muchos casos criminales, y sólo la mayoría que ha recibido condena, han sido benignas, pero el ciudadano que mata a un delincuente, si va a la cárceles a pulgar penas ejemplares, ¨de acuerdo a jueces¨.

Se pueden señalar miles de casos de delincuencia donde el delincuente sale ganando, mata roba y recobra su libertad, cuando es apresado, con mucha facilidad.

Somos una sociedad, que no ha sabido darse un verdadero código procesal penal, que aunque sea garantista de derechos ciudadanos, también contemple sancionar al ciudadano que delinque.

Las veces que nuestros congresistas han tratado de hacer códigos judiciales han cometido el error de importar experiencias de sociedades, educadas y organizadas y con otras realidades que no son las nuestras.

Resultado, tenemos una alta tasa de corrupción, de delincuencia en todos los órdenes, tenemos a policías, fiscales y jueces corruptos, tenemos ciudadanos, entre ellos padres, madres y otros familiares que apoyan o encubren a sus hijos delincuentes y aunque estos hayan matado a más de veinte ciudadanos honestos, cuando a ellos les toca ser ejecutados, entonces salen a defenderlos y hasta lo entierran con nuestra bandera.

Si vemos sin pación a nuestra sociedad a nuestros ciudadanos diremos con facilidad que nos hemos vuelto locos, que andamos en decadencia, que debemos reorientarnos, que debemos retroceder a los tiempos en que la honestidad era nuestra carta de presentación.

Esa falta de valores nos tiene divididos, unos estamos de acuerdo con que se mate a los delincuentes que salen a las calles a matar, pero otros lo defendemos férreamente, pero no sólo eso hasta los entierran arropados con nuestro signo patrio,! qué irrespeto!, y que falta de autoridad.

Esos descuidos, esa falta de autoridad es que ha despertado en la sociedad el que muchos ciudadanos, estemos deseando tener nuestro propio Chapulín, para que nos defienda,

Pero no un chapulín que se desenvuelva con payasadas y maneras alocadas, necesitamos a un chapulín al estilo del personaje, de El hombre de la etiqueta de la telenovela, por estas Calles donde había  ese personaje salía a cazar a los delincuentes, ladrones y les obligaba a quitarse el zapato del pié derecho y colocarse una etiqueta que decía, ¡fusilado por ladrón!. Sé que es, anti cristiano y anti jurídico  quitar la vida a alguien, pero es que la falta de una regularización efectiva por parte de nuestras autoridad no nos deja otra opción que no sea el desear tener a un salvador o en su defecto a un General Rangers, así andamos como sociedad.

 

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