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Los peligrosos déficits fiscales

Publicado en Todo Incluido, hace 2 meses

El problema que nos está creando la creciente presencia de nacionales haitianos y de otras nacionales en nuestro territorio, merece una atención urgente y especial. Pero en esta oportunidad voy a enfatizar en los que más incidencia tienen en la economía dominicana por ser numéricamente la inmigración más importante.

En lo que tiene que ver con el presupuesto de salud, ya el propio director del Servicio Nacional de Salud acaba de admitir (Dr. Mario Lama), que el 14% del gasto en atención médica en nuestros hospitales se está destinando para atender a los nacionales haitianos, sin importar (es indistinto) si están o no legalmente en territorio dominicano, si pagan o no impuestos directos.

No se requiere ser un técnico calificado en economía para advertir, que ese creciente gasto público en salud, seguirá presionando los déficits fiscales que actualmente maneja la economía dominicana (2009). Y si a ello le agregamos el aumento también en el gasto en educación, con la presencia de más de 200 mil estudiantes haitianos en nuestras escuelas, el panorama económico nuestro es cada vez más sombrío.

Los déficits fiscales nuestros reaparecieron en el año 2009, a raíz de la crisis inmobiliaria en los Estados Unidos y Europa. A partir de ahí no han dejado de estar presentes todos los años, y, para cubrirlos, hemos tenido que continuar montados en el cada vez más peligroso camino del endeudamiento público.

Es decir, hemos estado compelidos a financiarlos cada año con nuevas deudas. La deuda pública consolidada lleva un camino que podría generar en muy poco tiempo consecuencias severas a una economía cada vez más vulnerable a los acontecimientos externos.

El Banco Interamericano de Desarrollo ha advertido sobre dichos peligros. Entre algunas de las cosas que ha dicho, podemos citar que afirma, que si los países no consiguen reducir sus déficits fiscales, tendrán que seguir financiándolos a través de una de dos maneras: Ya sea aumentando la ya relativamente elevada deuda pública nuestra, o volver al método tradicional de imprimir dinero (pesos inorgánicos e inflaccionarios).

El problema con este último (imprimir dinero), es que si optamos por financiar nuestros déficits con la misma fórmula, implica el tener que agregarle más riesgos a los ya existentes, uno de los cuales precisamente es llevar los niveles de inflación nuestros, a índices alarmantes como los que ya presentan algunos países de la región (Argentina y Venezuela), pues una vez se han alcanzado niveles muy altos de inflación, por lo regular son muy costosos de revertir.

Si la deuda continúa aumentando, y la presión tributaria se mantiene relativamente baja (RD tiene la segunda presión tributaria más baja de toda América latina con un 14%), es claro que esto destinará más recursos de los ingresos del gobierno al pago de la deuda, lo cual podría terminar afectando seriamente los programas sociales que actualmente subsidia el gobierno.

Esto último sería el ingrediente perfecto para estropear todos los esfuerzos que se vienen llevando a cabo con el tema de la inseguridad ciudadana. Menos recursos para dichos programas sociales, equivale a un aumento de la desigualdad, y consecuentemente de los problemas sociales para el gobierno, tomando en cuenta que el 2023 es un año preelectoral.

Como se puede apreciar, si la economía dominicana no es sometida a un saneamiento estructural, dejando a un lado las diferencias políticas, todo luce indicar que los problemas nuestros seguirán multiplicándose, en vez de ir disminuyendo.

Los nacionales haitianos seguirán llegando (legal e ilegalmente) y demandando servicios de salud y educación; los ingresos del gobierno sin una reforma fiscal (o tributaria) seguirán en niveles bajos por sus consecuencias políticas; el gasto público seguirá creciendo exponencialmente sustentado en nuevas deudas para financiarlo; y los déficits fiscales seguirán gravitando como un fantasma que no cesa en meterle miedo a nuestra economía.

Todo luce indicar, que si el barco (economía dominicana) finalmente comienza a hundirse, la clase política hará poco o nada por temor a los organismos internacionales y los EEUU, y los haitianos también, no por solidaridad, terminará siendo parte del naufragio. Una especie de socialización de la tragedia.

Contrario a quitarle una parte importante del peso que se le debe despojar a nuestra economía (en el gasto público especialmente), insisten en no enfrentar la realidad, de que una economía pequeña e insular, es incapaz (al menos en las actuales condiciones y momentos) de sustentar dos poblaciones al mismo tiempo en materia de salud y educación.

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